Cadena perpetua

Era una cadena rara
que abría las puertas ignotas,
eslabones que colgaban
del pescuezo de una moza,
pero al romperse y caer
todo se deseslabona...
y el laberinto en el barro
no tiene más fin ahora
que padecer las pisadas
brutales de ociosas botas...
¡Pero es mía el alba de oro
que dentro del alma aflora!

Jesús María Bustelo Acevedo

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