Los acordes de la Luna
van forjando paraísos
en las tinieblas profundas
y en los sagrados abismos...
La Luna es una mujer
con semblantes infinitos,
que enlaza las voluntades
en sus invisibles hilos
como cantó el trovador.
Su locura es el destino
de tantos hombres vacíos
y mujeres solitarias,
y en su fulgor argentino
empapan sus corazones
como niñas, como niños,
que traspasan el espejo
que les conduce al camino
del misterio
de sí mismos...
Cordura que el corazón
va marcando en sus latidos.
Jesús María Bustelo Acevedo